Una persona mira al firmamento, donde se ve la Vía Láctea.

Cuántas alegrías por cumplir; cuántos caminos por andar; y cuántas dificultades por atravesar, ya que son como dunas que nos cortan el paso. Quizá sea este nuestro signo, y nuestra fe de vida. Pero cuando una idea da vida a un proyecto, todo alrededor se contagia de emoción y principian las lágrimas del sentimiento.

Me gustaría utilizar estas palabras para proyectar sobre la sociedad ceutí la energía contenida en nuestros 25 años de vida; que equivalen a los de nuestra experiencia, y a los de nuestra lucha. Pero, sobre todo, para llegar a esas personas que están viviendo en soledad la persistencia de un problema de salud mental.

Lo conozco. La realidad desenfocada te hace dudar hasta de tu propia identidad; viajamos detrás de una respuesta que nunca llega, y hay quien murmura tu nombre en el silencio. Debe ser que la luz de tu estrella aún no ha llegado, y como todo el mundo sabe, la luz es el sustento de la razón.

Por eso, en espera de ese mágico momento que es el entendimiento, déjate contagiar por nuestra luz, alimentada por el fuego de la pasión y el compromiso; por el testimonio de personas que antes que tú dejaron de sonreír, y ahora son estrellas en el firmamento, llevando el mensaje de que la esperanza vale la pena.

En Acefep nos duele cuando el cielo se vacía de estrellas; cuando muchas personas desertan de su felicidad porque les llegó la noticia de un diagnóstico feroz. Entonces, empiezan el periplo de la desesperación, sin saber que en Acefep somos depositarios legítimos de los secretos de la luz.

Y peor, a quien se desconoce por temor a ser reconocido, y ese no es buen camino, no es buena luz, no es buena estrella. La aceptación de un problema de salud mental es fundamento ineludible, ya que solo desde un origen puede llegarse a un destino.

La simbología del nacimiento alumbra todo nuestro ser, y nos pone en el inicio de una vida en armonía. Los ángeles del juicio, agradecidos por el sustento de la razón, retoman el vuelo hacia pensamientos más felices, y la luz vuelve a los rostros.

Las dunas del desierto son recorridas ahora por ríos de aguas doradas; y el peregrino se para a beber, y recobra por momentos la confianza.

El sufrimiento mental es una pared inabordable si se mira desde abajo. Es necesaria la ingravidez de luz, el sustento de la razón, la magia que te dan las miradas de iguales a ti. Después de 25 años de experiencia abordando la salud mental queremos regalarte un juego de alas.