Coronavirus calleREFLEXIONES EN TIEMPOS DE CORONAVIRUS

Antes de que nos cogiera por sorpresa al mundo entero el coronavirus, yo tenía un diagnóstico psiquiátrico que tomando la dosis de medicación prescrita por el médico, más las consultas de terapia, me mantenían compensada y estable y me permitían hacer una vida prácticamente normal, salvo el especial cuidado que tenía que tener con el estrés.

Estaba apuntada a varios cursos de dos horas a la semana en la Universidad Popular de Oviedo sobre nutrición y microrrelatos. También iba a nadar diariamente y el sábado tenía cursillo de natación. Estudiaba francés con un amigo en el centro social de mi barrio, hacía gimnasia de mantenimiento, practicaba montañismo los fines de semana, a ratos hacía punto y un día a la semana tenía hora y media de manualidades en AFESA.

Lo cierto es que no tenía tiempo de aburrirme, pero todo lo que hacía era atrayente para mí y muy placentero así que no me generaba estrés.

¡Ah! Tampoco faltaba al taller de escritura literaria de la biblioteca del centro social quincenalmente los viernes.

Leía bastante en la biblioteca y también escribía relatos y cuentos con moraleja para todos los públicos.

El día anterior al confinamiento, mi marido y yo hicimos una ruta de 20 km al pico Gorfolí por la senda más larga. Lo aprovechamos al máximo. Al bajar del pico, entrando en un bar a tomar café tuvimos que apresurarnos en pagar y marchar porque la Guardia Civil iba cerrando los locales.

Ante esta nueva situación rondaban por mi cabeza dos posibilidades:

  • Pensar que el confinamiento era una especie de arresto domiciliario, lo que me generaba una fuerte sensación de ansiedad al no haber cometido ningún delito para ello.
  • Pensar que era una medida extrema de prevención (se decretó el estado de alarma) ante un virus del que no se sabía casi nada, tan solo que era mortal, grave y de fácil contagio pero a la vez fácil de combatirlo con unas sencillas medidas de precaución como lavarse las manos y quedarse en casa.

Fruto de mi trastorno, sabía lo importante que era para todo ser humano saber adaptarse a las nuevas experiencias y situaciones, estresantes en su mayoría, por resultar desconocidas.

Elaboré un plan diario para mantenerme en casa lo más feliz posible.

La trabajadora social de AFESA me llamó para comunicarme el derecho que tenía por mi discapacidad a dar una pequeña vuelta a la manzana dos veces al día llevando el certificado de discapacidad.

Planteado el planning, lo estoy llevando a la práctica hasta el día de hoy sin ningún problema.

Me levanto sobre las ocho de la mañana y me acuesto sobre las diez. Desayuno, friego la vajilla, limpio un poco la casa, cada día una habitación, y acto seguido hago pilates durante una hora. A continuación salgo a dar una vuelta por la manzana y me llevo un café delicioso que me preparan en la pastelería Guindas.

Cuando vuelvo a casa, leo o escribo con música de fondo. Realizo alguna videollamada con mis amigos y familiares para hablar y vernos la cara. No escucho noticias. Solo leo por encima el periódico. Me abruma tanta información en muchas ocasiones manipuladora y alejada de la verdad.

Llega la hora de la comida y tras ella, echo la siesta. Relajada, con vídeos de internet para no repetir los mismos ejercicios que por la mañana, vuelvo a hacer pilates otra hora.

La compra la hacemos mi marido y yo cada ocho o diez días.

Cuando salgo aprovecho para ir al banco o a la farmacia.

Lo que me asombra de todo esto es la disparidad de comportamientos que veo entre la población ovetense. Hay gente que va muy estirada sin guantes ni mascarilla como diciendo “yo soy muy fuerte, a mí esto no me pilla”, mientras otras personas huyen de la población y llevan puesto guantes y mascarilla, y guardan estrictamente las medidas de separación social.

Viendo a toda esta amalgama de personas me acuerdo de lo que sucedía antes de la pandemia. Entonces a algunas personas con trastorno mental se las veía peligrosas y se les estigmatizaba porque les daba miedo salir a la calle por miedo de los demás o porque miraban a la cara de otros o porque huían. Yo ahora me pregunto, y a gran parte de las personas sanas, ¿qué comportamiento están teniendo ahora? ¿No les estará invadiendo la neurosis? Porque yo al virus lo respeto, pero no lo temo.

Pilar Torres Serrano
Integrante del Comité Pro Salud Mental en Primera Persona de AFESA Salud Mental Asturias