De 100 a 0

Un balón de baloncesto parado en el suelo de la cancha. No se ve a nadieTodo empezó en un verano, con un curso académico en el cual estuve muy presionado. En el instituto en el que estaba, querían que alcanzásemos la perfección en las calificaciones, nos exprimían todo el jugo posible. Teníamos 4 evaluaciones, los exámenes eran continuos. No había semana que no hubiera dos o tres. Y el espíritu competitivo se fomentaba entre los compañeros de clase.

A parte, el ambiente entre alumnos no era muy bueno. Burlas, insultos, peleas, estaban a la orden del día. Había que ser perfecto en todo, o casi. Existía el pique entre alumnos de las temibles notas.

Además, los de primero de BUP, estábamos sometidos a continuas “bromas”, no solo de los mayores del propio centro, sino que muchas veces, venían de otros institutos a tirarnos huevos podridos, botes de pintura, harina. Otras veces te llevaban a palos al estanque de los patos de un parque cercano y te tiraban allí…

A mayores, jugaba en el equipo de baloncesto del instituto. En él, más de lo mismo, entrenamientos duros, competitividad a mas no poder. No se buscaba pasar el rato entre compañeros de colegio practicando deporte, cosa que es saludable, no, no, se buscaba fomentar aún más la competitividad. El que no sacaba unas notas sobresalientes, no era titular, y el que suspendía alguna asignatura, ya no podía ni ir a entrenar, era marginado, tanto por los compañeros, como por los profesores y padres.

Todo era buscar ser el mejor, destacar, ser líder… Las mejores notas, el mejor en el baloncesto. Nos comían el tarro, que si no estudiábamos y sacábamos las mejores notas, no íbamos a ser nadie en la vida, seríamos fracasados, incluso que pediríamos por las puertas. No tendríamos felicidad en nuestras vidas. Tenías que ser el mejor por narices.

Me dejé llevar por este “ecosistema”. Mi medía en ese curso académico fue de 9,9. llegué a ser titular en el equipo de baloncesto y ganar muchos trofeos y medallas. Era el delegado de clase. En ese centro era una honra, estaba bien visto. Fui un líder. Cuando se está muy alto, en la cúspide, dicen dos cosas. Se está muy sólo, y el batacazo va a ser impresionante.

Ese verano, al poco de recibir mis tremendas notas, con casi matrícula de honor en todas las asignaturas, Estallé. Tuve un periodo de oscuridad en mi vida, propiciado por la enfermedad mental. Visitas continuas al psiquiatra. Tratamientos agresivos, nocivos. Cambios de medicación. Trastornos de sueño, depresión, miedo a salir a la calle, estados de euforia, somnolencia, aumento de peso…. Es el precio que tuvo el intento de ser perfecto motivado por un centro educativo, el cual nunca debí haber pisado. Se pensaba que era el mejor de mi ciudad, pero visto lo visto, para mí no valía…

Han pasado los años y me he recuperado. Me ha llevado más una década. Fue un largo camino. Mi suerte, fue que di con buenos profesionales de la salud, asociaciones de apoyo, y, principalmente, estuve muy arropado por mi familia, lo cual les agradeceré eternamente. Se puede decir que resurgí de mis cenizas. Empecé a estudiar, lo que me gustaba, pero a otro ritmo y disfrutando con lo que hacía, trabajar en diversos campos que me ayudaron a crecer como persona, y llevar una vida estable mentalmente y, no perfecta, pero sí feliz.

Juan Ramón