testimonio de Federico Pérez

Hola, mi nombre es Federico, soy vecino de Avilés y tengo 56 años.

Escribo estas palabras con la mera intención de que puedan servir de ayuda a alguien que se haya visto en una situación semejante, y también, por qué no decirlo, como método de autoevaluación y de crecer interiormente.

Lo primero que diré es que el relato trata acerca de mi experiencia en el Pabellón de agudos del Hospital San Agustín de Avilés que aconteció el pasado año (2021) y cuando llevaba ya unos 20 años sin tener ningún ingreso.

Fue un duro golpe. Hasta entonces estaba seguro de mí mismo y de mis convicciones personales; pensaba que nunca volvería a tener que ingresar en una unidad de Psiquiatría y que la evolución de mi esquizofrenia sería ir cada vez a mejor… Estaba equivocado.

El hecho es que el 24 de marzo de 2021 ingresé por voluntad propia en la Unidad de Psiquiatría del Hospital S. Agustín de Avilés. O sea en “agudos”.

Ingresé consciente y orientado, recuerdo que me acompañaba Nuria, una trabajadora de la asociación a la que pertenezco. Estaba tranquilo y después de unas 3 o 4 horas de espera por fin nos atendió una doctora psiquiatra a la que de manera cordial y espontánea le describí lo mejor que pude la situación de empeoramiento mental en la que me hallaba y de la que era consciente. Le expliqué que se me había disparado la ansiedad así como que tenía percepción de alucinaciones auditivas y visuales. Oía voces que me inducían al suicidio y veía imágenes que me torturaban y causaban gran ansiedad.

A pesar de todo, conservaba la capacidad de juicio crítico y tenía conciencia de enfermedad. En lo más profundo de mi persona sabía que aquello que veía y oía era una creación de mi cerebro y no una realidad.

Finalmente y por solicitud mía, me ingresaron.

Desde el primer momento me adapté relativamente bien a la Unidad y trataba de mostrarme afable tanto con otros compañeros como con el personal excepto en dos ocasiones puntuales en las que perdí el control y actué descompensadamente: en una ocasión saliendo completamente desnudo a pasear por la planta y en otra me arrojé al suelo gritando.

Puedo decir que estaba en un estado de extrema angustia y excitación emocional, y también que tras ambos episodios pasé sendas noches amarrado a la cama de mi habitación. Nada más que añadir que a los tres o cuatro días me encontraba en situación de darme cuenta de que aquello que había hecho no estaba bien y era inapropiado en una persona en su “sano juicio”.

Salvo esas dos excepciones, mi estancia en la Unidad fue tranquila, si se puede denominar tranquilidad a aquello que estaba viviendo. Lo cierto es que la mayor parte del tiempo me aburría mucho y también me costaba participar en las actividades programadas.

Además, a medida que pasaba el tiempo del total de los 30 días que estuve allí, iba aumentando en mi interior la imperiosa necesidad de salir de alta. Finalmente conseguí  “recuperarme” lo suficiente como para que el 14-04-2021 me dieran el alta.

Entrecomillo recuperarme ya que mi recuperación real ha pasado un año y aún no la doy por conseguida.

 

Federico Pérez Ureña, integrante del Comité Pro Salud Mental en Primera Persona de AFESA Salud Mental Asturias.