Plano cerrado de un puzzle de piezas blancas. Una última pieza está por caer en su sitio.

EN LA PREVENCIÓN DEL SUICIDIO TODOS TENEMOS LABOR

3.679 vidas cargadas de sufrimiento se fueron en 2017 en nuestro país a causa del suicidio; un 3,1% más que en 2016. Por cada persona que lo lleva a cabo, hay detrás otras 20 que lo intentan. Son los datos con los que Nel A. González Zapico, presidente de la Confederación SALUD MENTAL ESPAÑA, inauguró la Jornada Técnica del Día Mundial de la Salud Mental 2019, que tuvo lugar el 23 de septiembre en la Universidad Complutense de Madrid. Bajo el lema “Conecta con la Vida”, la Confederación lanza una campaña que da la cara, alza la voz y alerta de lo importante que es dejar de silenciar este atroz sufrimiento que afecta a tantas personas.

Para hacerse una idea todavía más escalofriante: sólo en España, mueren 10 personas cada día… En el mundo, una cada 40 segundos… No hay concretados datos todavía para el 2018 ni para lo que llevamos de 2019. Pero víctimas hay.

En esto contamos todos. Por eso, se contó con la presencia de personas pertenecientes al movimiento asociativo de la Confederación, personas representantes del CERMI, representación del Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social; profesionales que trabajan en este ámbito, estudiantes de distintas ramas del conocimiento…

Estupefacción al descubrir que el dato oficialmente declarado, esas 3.679 personas, no es exacto, porque no se han tenido en cuenta el 5% de las muertes por accidente de tráfico que, según datos de la Guardia Civil, también son suicidios. Ni las muertes llamadas “intoxicación por psicofármacos accidental”. Por no mencionar que la ideación suicida, como parte de la conducta suicida, se calcula que puede estar afectando en torno al 4,5% de la población española; es decir, más de 2 millones de personas contemplan el suicidio como una salida a su sufrimiento…

Frente a esta situación, qué bueno que se esté abriendo una línea de colaboración en escuelas llamada Salud Emocional en las Aulas, como informaba Rosa de Arquer, psicóloga del Teléfono de la Esperanza, para implicar a los más jóvenes en la importancia de aprender a identificar los sentimientos, a expresarlos, a comunicarse… Uno se pregunta por qué estas iniciativas se van incorporando a cuentagotas si son tan elementales, tan necesarias para el sano desarrollo de las personas. Tal vez se deba a que esta sociedad dedica su día a día a establecer estándares cada vez más difíciles de alcanzar, generando con ello cada vez más insatisfacción, infelicidad y, en definitiva, menos ganas de vivir.

En esto todos tenemos labor. Sólo hay que saber verlo: desde la necesidad de mejora de la comprensión de la conducta suicida, que menciona Sergio Tubío, coordinador de formación del cuerpo de Bomberos de Madrid, pasando por el destierro de estigmas, tabúes y falsos mitos que envuelven el suicidio, así como también la “capacidad de presión a los poderes públicos que pueden ejercer los medios de comunicación, para que adopten medidas a la altura de las cifras”, como indica Gabriel González, periodista y autor del libro “Hablemos de suicidio”.

Así, a medida que avanza la jornada, uno empieza a ser cada vez más consciente de lo mucho que queda por hacer, por avanzar. Lo delicado y complejo del suicidio; prevención, ideación, posvención, se iba destapando poco a poco. Cada ponente, desde su ámbito, aporta su clave, como pieza de un mismo puzle. Qué fácil parece reunir todas las piezas haciéndolas encajar cada una en su lugar. Pero qué difícil llevarlo a la práctica si no hacemos llegar a todos los agentes implicados que, una vida mejor para todos en esta sociedad es todavía posible. Qué puzle tan precioso. No hay tiempo que perder; deberíamos empezar a montarlo hoy mismo. Todo: tú y yo.

Rosa de Arquer nos invita a estar alerta cuando notemos que alguien cercano “cambia sus hábitos, está más triste, más retraído, no quiere estar con los demás, deja a un lado sus aficiones, dice que no le ve sentido a la vida”. Además de estas pistas, señala que “la mayor señal de alerta que podemos detectar cuando una persona tiene una idea suicida, es que lo suele decir. Organiza sus cosas, se despide de todo lo que tiene…”.

Un equipo del PsicoSUMMA, con Laura Bezos Saldaña, psicóloga clínica del SUMMA, lleva desde el 15 de julio con un proyecto: se trata de un servicio de atención psicológica inmediata, formado por 6 psicólogos clínicos disponibles las 24 h del día, los 7 días de la semana. Han tenido 94 intervenciones en dos meses. 32 relacionadas con conducta suicida, es decir, el 34% de sus intervenciones… Un proyecto así planteado a nivel nacional es lo que pedimos a gritos desde todo el movimiento asociativo. Nel A. González Zapico, al inicio de la jornada, describía perfectamente cómo habría de ser este teléfono de atención al riesgo suicida: “de carácter público, gratuito, fácil de recordar, accesible para la gente que lo necesita y que asegure la atención, el seguimiento y el control profesional que esta situación necesita”.

Los medios de comunicación juegan un papel determinante. Lo dice la OMS. Sin embargo, ¿cómo es posible que a los medios de nuestro país no se les haya formado para moverse en un terreno tan complicado y delicado como lo es el suicidio? ¿No es indignante que no exista una estrategia establecida para tratar este tema y que los medios se vean -no todos, claro- en la necesidad de echar mano de las que sí existen para casos como la violencia de género y seguridad vial, que tan buen resultado han dado? Así nos lo transmite Gabriel González, quien, por cierto, nos hace saber que es necesario renovar las recomendaciones de la OMS, porque corresponden al año 2000, cuando los móviles sólo servían para llamar y poco más… Cierto que las Redes Sociales tienen sus riesgos, que “pueden generar frustración en personas que no se sienten tan felices como otros aparentan”, en palabras de Gabriel; pero en esto también los medios de comunicación deben “poner un filtro muy exigente en cuanto a lo que se traslada a la sociedad de lo que está ocurriendo en redes”. No olvidemos el caso de la Ballena Azul, un fenómeno que no existió en inicio, sino que “prácticamente -según un análisis de la BBC y un reportaje publicado por El País- los medios, en lugar de alertar de un problema, lo generaron”. Aunque también es cierto que “las redes sociales tienen su parte positiva: desde un punto de vista terapéutico ayudan a evadirse a personas que lo pasan mal”. Y existen claros ejemplos de buen hacer con las redes sociales, como el hilo de Twitter de un profesor de periodismo, cuya cuenta tiene 13.000 seguidores correspondientes a periodistas repartidos por todo el mundo, que desde hace año y medio y junto con Gabriel, lo que hacen es difundir formas de tratar el suicidio.

En esto los bomberos, representados en esta Jornada por Sergio Tubío, también tienen mucho que decir. Y esto es así porque, cito textualmente la experiencia nos ha demostrado que si preguntas a una persona en tentativa suicida por qué quiere hacerlo, nos damos cuenta de que, posiblemente, seamos la primera persona que se planta delante de ella y le haga esta pregunta…”. En esta sociedad tan interconectada con redes sociales, no estamos preparados -en palabras de Sergio-, para que un ser querido cercano nos exponga abiertamente que se quiere quitar la vida. La formación se convirtió para el Cuerpo de Bomberos de Madrid de vital importancia porque no sabíamos enfrentarnos a personas que nos manifestaban abiertamente que querían quitarse la vida; y era doloroso. Tanto, que a Sergio le provocó un estrés postraumático bastante importante, haciéndose necesario incluir en su formación un tratamiento de este estrés, para aprender a diferenciar entre conceptos como, por ejemplo, ‘recordar’ y ‘revivir’.

 

Las FAMILIAS

A las que muchas veces se las exige que vigilen, restrinjan medios, no dejen de estar pendientes, … es terrorífico -señala Rosa de Arquer- saber que la persona a la que quieres está pensando en quitarse la vida y que tienes que estar en estado de alerta constante para intentar evitarlo. Sentimientos de rabia, culpa, vergüenza, impotencia, enfado… sentimientos que muchas veces en su entorno no pueden expresar.  Asumir la limitación que tenemos como familiares, amigos o profesionales de la salud, es necesario, y es que cuando se consigue rescatar a esa persona y apoyarla, el éxito es de esa persona y cuando no se consigue, también el fracaso corresponde a su decisión.

 

 

La POSVENCIÓN. Después…

Cuando se le pregunta a Judith Sala, socia y voluntaria de la Asociación Deprés del Suicidi, que perdió a su padre en 2015, qué es lo que lleva a una persona a suicidarse, responde que, de todas las preguntas, es la más difícil de responder, porque no lo sabe; por más vueltas que le haya dado a esa cuestión. Lo que sí sabe, y es lo que le ha dado un poco de paz, es que las personas que se suicidan no desean morir, sino que no son capaces de vivir más. Pocos días después del suicidio de su padre, los Mossos d’Escuadra les hicieron saber que eran considerados víctimas de un delito con violencia, algo que ella no había reflexionado. También, que existía una asociación formada por familiares de personas que se habían quitado la vida. Judith agradece mucho a esta asociación porque, en sus propias palabras a día de hoy sigo sufriendo, pero puedo vivir; en ese momento no podía.

 

El DUELO

Es algo que tiene muy mala fama, comenta Bárbara Mitats, técnica de la Federació Salut Mental Catalunya, pero del que yo soy gran defensora, porque es algo natural, sanador y transformador. Si no pasásemos por esta fase, con la primera pérdida que tuviésemos en nuestra vida, no seríamos capaces de soportarlo.  El duelo tiene fases, de hecho, en la asociación de Judith, para que no se cronifique, el grupo de duelo dura 9 meses. Sin embargo, hay que saber que, como ella misma dice, es algo que me va a acompañar el resto de mi vida; (…) tendré momentos en los que voy a poder sobrevivir y convivir con ello y aquellos en los que voy a necesitar encerrarme, sufrir y llorar.

 

La CULPA

Una de las cuestiones más importantes en el duelo por suicidio es que la culpa tiene muchísimo peso, afirma Judith. Haces el repaso de los últimos instantes, minutos, días, semanas, meses, años, … 50.000 veces. Y te preguntas constantemente ¿y si yo no hubiera hecho esto o aquello? ¿y si hubiera respondido a su mensaje? (…) Me acuerdo de que, en el grupo nos venían a decir que, hagas lo que hagas, siempre puede ser que pase; es decir, no está en tu mano y eso nos quita un poco de responsabilidad porque si no se hace muy duro. Nada bueno aporta el estar haciendo esas preguntas constantemente, porque entonces eso sí que ya no te deja salir adelante.

 

El ESTIGMA

La peor consecuencia del estigma en relación con el suicidio es que, en palabras de Bárbara, provoca la no búsqueda de ayuda y el no recibir apoyo. Desde el movimiento asociativo lo que tenemos que hacer es luchar no sólo para combatir el estigma, sino también para hacer más visible y más accesible todo el trabajo que se lleva a cabo desde las asociaciones.

 

La RED SANITARIA PÚBLICA

Por supuesto que es valiosa. Francisco Javier Hurtado, superviviente del suicidio, echa mano de ella cuando se encuentra mal y le llegan pensamientos suicidas, encontrando siempre alguien al otro lado del teléfono que le anima a salir del mal momento. Pero hacen falta más recursos. Judith los echó en falta para su padre cuando, habiendo existido una primera tentativa, le dieron cita para el psicólogo TRES SEMANAS DESPUÉSesas 3 semanas de sufrimiento son una eternidad. Por eso cree que el hecho de que siempre haya una red disponible de recursos atenta, constante y activa es clave para que cuando la persona decide pedir ayuda, exista alguien ahí escuchando y atendiendo. Hay un dato importante, como bien nos hace saber Rosa de Arquer, y es que hay estudios que detectan que el 45% de las personas que se suicidan visitan a su médico de atención primaria en los meses previos. Esto supone que son agentes de protección importantes en los casos en los que la persona está o se siente sola, porque queda en manos del profesional el generar entre ambos, formas de afrontar los problemas, como bien apunta Laura Bezos. Detectada la ideación o tentativa suicida, la labor después es la de ver qué cosas siguen anclando a la vida a la persona. Sin imposiciones. Y, a continuación, la de transmitir esperanza.

 

Los SUPERVIVIENTES

Cuánto enriquecen y llegan al corazón testimonios como los de José Luis Herrera, voluntario de la asociación AFES Salud Mental de Santa Cruz de Tenerife, miembro del Comité Pro Salud Mental en Primera Persona de la Confederación SALUD MENTAL ESPAÑA y, por suerte, superviviente de 4 intentos de suicidio.

Cuando José Luis Méndez, trabajador social de Salud Mental España), le pregunta cómo se afronta este sufrimiento, responde que el sufrimiento no se puede medir; (…), sólo quieres que se acabe todo. Y dejar de sufrir.

José Luis reclama nada más empezar la entrevista el arrancar un compromiso político serio y que ataque directamente a la base de esta lacra de sufrimiento y de pérdida de vidas humanas; él sabe muy bien el sufrimiento que causa el hecho de que el suicidio esté socialmente tan invisibilizado. Y lo sabe porque lo ha vivido en su entorno más cercano.

Pide también lo que él y Nel A. González llaman el ‘pack indivisible’; que consta de una formación específica de los profesionales de la salud en este ámbito y de aquellas personas que intervienen en situaciones de crisis: cuerpos policiales, bomberos o servicios de emergencias, docentes que tratan a niños y adolescentes y profesionales de entidades sociales que trabajan con colectivos de riesgo, como personas sin hogar, inmigrantes o víctimas de violencia de género. Una dotación a los más jóvenes de las herramientas personales o recursos emocionales necesarios para afrontar las situaciones complejas de la vida, mediante la implantación de una asignatura o intervención en el ámbito educativo, que fomente la educación emocional de niños y niñas de nuestro país. Todo como parte del trabajo de prevención que el Estado debe realizar.

Y es que, como bien dice José Luis, de los 197 países reconocidos que integran la ONU, sólo 38 tienen Plan de Prevención del Suicidio. Y hablamos de la primera causa de muerte no natural durante 12 años seguidos en España….

 

La PREVENCIÓN

Nadie que es feliz se suicida; una parte de la prevención del suicidio consiste en promover sociedades seguras. Seguridad en el trabajo, seguridad en la vivienda, seguridad en el futuro, en general. Es decir, es responsabilidad del Sistema y no puede eludirlo. Otra parte consiste en aprender a no exigirle demasiado a la vida. Actualmente se nos exige ser felices y si no lo somos, es por nuestra culpa. Pero no podemos pretender vivir una felicidad impuesta porque eso sólo trae más infelicidad, más frustración y más riesgo de inadaptación. En definitiva; menos ganas de vivir. La dictadura de la felicidad está haciendo mucho daño. La vida no es un camino de rosas y si lo fuese, tiene muchas más espinas de las que nos esperamos. En más ocasiones de las deseables la vida es difícil: hay sufrimiento, hay enfermedad y hay dolor. Hay problemas, muchos, y muchos de ellos inmerecidos. Aunque también hay algunos que nos los hemos buscado nosotros mismos. Pero tenemos que estar preparados para superarlos o vivir con ellos. No quiero dar el sermón de la montaña (aunque podría), pero creo que tenemos que parar un poco: sosegarnos y rebajar las expectativas de lo que la vida nos puede ofrecer. Magnífica reflexión de Andoni Ansean, presidente de la Sociedad Española de Suicidología y de la Fundación Española para la prevención del Suicidio.

Todos estuvieron de acuerdo en que el suicidio se puede prevenir.

 

 

Isabel Cabrera es representante de ASCASAM Asociación Cántabra Pro Salud Mental, en el Comité Pro Salud Mental en Primera Persona.

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