EL ESTIGMA DE LA SALUD MENTAL DENTRO DEL ÁMBITO DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

En materia de violencia de género o machista, estamos acostumbrados a oír, leer y ver noticias en las que se alude a términos como “marido de la víctima” o “presunto agresor” con respeto al principio de presunción de inocencia del presunto culpable. Nos parece muy acertada esta forma de dar la noticia en un titular o luego en el desarrollo de la información.

Con un fin preventivo en pro de la no violencia se insta, desde los medios de comunicación y como un servicio público en estos casos, a la sensibilización de la población acerca de un problema de un gran calado socio-económico y político-cultural.

No se enfrenta a ambos géneros, sino que de forma inteligente se pretende sin más erradicar esta lacra por ser un problema de interés general que nos afecta a toda la sociedad.

Esto mismo ocurre cuando el medio de comunicación en cuestión aborda un problema de salud física como el tratamiento que se da al cáncer o al posible contagio de enfermedades de transmisión sexual. También en este ámbito es la prevención la que manda en el seno de las campañas publicitarias, de los titulares y en el desarrollo de las noticias, así como en las opiniones del profesional en la materia, quedando lejos el estigma social y el sensacionalismo, lo que, dicho sea de paso, también nos congratulamos con este enfoque dado. No se estigmatiza a la persona que sufre un cáncer de colon, al contrario, se le concede una igualdad de trato positivo que le integre en la sociedad de la misma manera, como si no padeciera esa enfermedad. No existen contenidos sesgados y etiquetadores a la hora de dar la noticia.

En todos estos casos que hemos expuesto, a la persona se la trata con objetividad, sin dramatizar y advirtiendo en ocasiones sobre la dureza de las imágenes como ocurre por ejemplo en las campañas de la dirección general de tráfico, sobre todo, las de tiempos pasados.

Es cierto que nuestra mente es un buscador de problemas constante y que esto nos lleva a tener automáticamente y de forma idiosincrática pensamientos negativos, lo que en términos de economía de mercado y solo en dichos términos, hace pensar en el uso del estigma social por parte de los medios de comunicación. Pero no es menos cierto que nuestro cerebro también es plástico y que puede alcanzar una visión positiva de las cosas si se lo propone, y aquí es donde los medios audiovisuales deben realizar una gran labor en favor de la salud mental que está aún estigmatizada.

Así, en el caso de los trastornos mentales, no comprendemos la diferencia de trato que se les da por parte de la televisión o la radio, en comparación con otras materias.

Así, cuando la noticia versa sobre un hecho violento en el que participa una persona que sufre un problema de salud mental, en lugar de narrar como noticia principal aquello que fue determinante para la consecución de los hechos, se utiliza directamente el estigma sobre la persona que sufre un trastorno mental, bien con fines paternalistas, en el menor de los casos, bien con fines sensacionalistas en las mayoría de ellos, empleando términos como  “esquizofrenia paranoide” o “un esquizofrénico hirió de gravedad a su madre en la casa familiar”. ¿Por qué no se contrasta la noticia y se averigua e indaga si en este caso la agresión fue fruto de una riña tumultuaria previa entre miembros de la familia, que llevaron a la persona con el trastorno mental descompensarse y, como consecuencia de ello, a sufrir un brote psicótico sin que los demás miembros de la familia supieran cómo atajar esta situación de una manera lógica y eficaz, llevando la persona con el trastorno a que ya no fuera dueña de sus actos cuando actuó violentamente?

Lamentablemente, esta labor más rigurosa en la forma de dar la noticia acarrea más trabajo para el profesional de la comunicación, pero no debemos olvidar que las noticias se deben ajustar a la verdad, ser objetivas y estar contrastadas.

Hacerlo de otro modo conlleva una desinformación a la población, pues con una versión parcial de los hechos, los escuchantes, televidentes, o internautas solo contarán con un juicio de realidad inexacto, generándose además entre la ciudadanía un temor o miedo cada vez que salgan a la calle y se encuentren con una persona con un problema de salud mental.

Esta materia es de gran importancia, pues una de cada cuatro personas a nivel global sufre un trastorno mental. Es algo que le puede ocurrir a cualquiera en algún momento de su vida.

¿Qué consecuencias debería tener este enfoque paternalista, frívolo y sensacionalista de la noticia en el tema de la salud mental? Sin querer acometer por mi parte ninguna cruzada y con el solo propósito de aportar un grano de arena en este maremágnum, me planteo si la noticia sobre si es titular informativo, un titular dado en alguno de esos términos empleados, o no. Y me lleva a pensar que la respuesta es NO. Que simplemente debería ser tratada como una opinión del autor, carente de las características de la cualidad de informar que lleva el titular y aunque se trate de una noticia que abra una portada o venga encuadrada como titular informativo. Tratada la noticia como mera opinión personal, está claro que con mayor motivo aún que si fuera un titular informativo, es susceptible de crítica pues no goza de veracidad ni objetividad, sino de una subjetividad inherente al periodista.

A las personas con problemas de salud mental, nos resulta muy importante tener como aliados a los medios de comunicación, por la gran difusión que generan y por el impacto en la sociedad que tienen sus noticiarios, si se han redactado conforme a la guía de estilo sobre salud mental, para medios de comunicación, titulada “Las palabras sí importan”, elaborada por la Confederación SALUD MENTAL ESPAÑA.

Es relevante que los medios de comunicación se acerquen a las personas con problemas de salud mental para conocerlas en primera persona, en carne y hueso, de verdad, para saber que la violencia no es la característica que sobresale en su personalidad, sino al contrario, que la mayoría de las veces son víctimas de abusos y malos tratos. Para verlas como seres humanos con autonomía plena y capacidad de discernimiento, sin desconocer tampoco por nuestra parte que cada usuario de la salud mental puede estar pasando por un estado de tratamiento más o menos agudo o por una historia vital más o menos estresante. Algo que también ocurre entre las personas sin problemas de salud mental, cuyas vidas también atraviesan fases más favorables que otras.

Hacer un esfuerzo de una visión positiva es el trabajo que queda por hacer entre los profesionales de la información. Con esta manera de proceder se llegaría a niveles más altos de justicia social y solidaridad propios de un Estado Social y Democrático de Derecho como es el español.

En el ámbito comunitario y de directa aplicación aludiremos a la Directiva 2000/78/CE que tiene como objeto el establecimiento de “un marco general para luchar contra la discriminación entre otras materias, la de la discapacidad”. Desde esta Directiva apostamos por una igualdad de trato por parte de los medios de comunicación a la hora de dar una noticia sobre la salud mental de la misma manera que se hace en otros ámbitos, donde la prevención es el enfoque que predomina, sin incurrir en distinciones, exclusiones o restricciones de ningún tipo en perjuicio de la salud mental.

Al contrario, la noticia que verse sobre un problema de salud mental debería de dotar al afectado de apoyos y recursos suficientes para salvar las barreras que su trastorno le genera en la sociedad, tratando de integrar al paciente en ésta y promoviendo su disfrute social.

¿Dónde está reconocido el derecho a la presunción de inocencia recogido en nuestra Constitución del 78, en titulares como “un joven esquizofrénico mata a su hermano”? (DIARIO 20 MINUTOS 25-5-2005)

Siguiendo a Albert Ferrer Pinyol diremos que en teoría la confidencialidad del diagnóstico debe ser invulnerable y, sin embargo, vemos en determinados medios de comunicación cómo se identifica a la persona con su diagnóstico y con una versión parcial de los hechos.

En muchas ocasiones la información pasa a los medios de comunicación a través de los familiares, la policía e incluso el médico forense que lleva el caso, de una forma totalmente “alegre” y ello acarrea entrevistas a víctimas de agresión tales como “dicen que tenía esquizofrenia, lo único que yo pido es que este señor y todos los enfermos como él estén encerrados en un sitio donde no puedan hacer daño a nadie…

Es evidente que la persona debe responder por sus actos hasta donde sea imputable, pero no todo el colectivo que padezca el mismo trastorno.

Entre los diversos tipos de estigma, el social es el que atribuyen algunos medios de comunicación a las personas con trastorno mental. No se puede situar en el mismo plano a una persona con un problema de salud mental que a un delincuente, porque no son iguales.

Desde mi experiencia en primera persona, puedo contar que enfermé en el año 2002 y que desde entonces nunca he tenido ningún problema de agresividad más allá de un inocente enfado o un ataque de ira resuelta emocionalmente. Al contrario, cada día lucho más y más por ganar en habilidades sociales, tan denostadas hoy en día. Y ser mejor persona. Soy independiente y tomo mis propias decisiones asumiendo mi responsabilidad por ello, contando con el apoyo de mi cuidador que es mi marido. En definitiva, mi trastorno mental no me impide desarrollarme y crecer cada día como persona solidaria y generosa con la sociedad

En todos estos años también he sufrido de estigma, apenas de autoestigma. Por ejemplo, en una ocasión me rechazaron de un curso por haber manifestado de manera confidencial que hacía años había sufrido un brote psicótico que no tuvo más consecuencias que un ingreso en un centro hospitalario durante quince días. Estoy segura de que si hubiera omitido este dato hubiera sido seleccionada, pues el examen lo superé perfectamente. Pero, ¿cómo me hubiera sentido yo como persona con dignidad propia negando una parte de mi historia vital?

Hoy puedo afirmar que llevo una vida plenamente normalizada y que estoy totalmente integrada en la sociedad, contando con una importante red de amigos y familiares que me suponen un gran apoyo social en mi vida. Soy capaz de hablar con ellos de mi trastorno con absoluta normalidad y naturalidad y me siento apoyada tanto por mi entorno social, como por el terreno médico y terapéutico y por el de los servicios sociales.

Aunque no mantengo las mismas capacidades intactas desde que enfermé, sí conservo gran cantidad de ellas, que me permiten llevar una vida activa para realizar actividades como esta charla que estoy relatando ante ustedes en este momento

En definitiva, no me siento ningún bicho raro dentro del sistema, sino todo lo contrario, una persona capaz que puede aportar a la sociedad en áreas de mi competencia.

 

Pilar Torres. Integrante del Comité Pro Salud Mental en Primera Persona AFESA Salud Mental ASTURIAS

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