Un diente de león arrancado y marchito sobre el asfalto

Existe una conexión muy especial entre las personas que hemos abierto los ojos atados a un camastro en la planta de psiquiatría, despertados por la severidad de un sistema que no sabe de tu nombre.

Quizá por esto me supuran las heridas al leer la fatal noticia, y es que Andreas murió de meningitis tras 75 horas inmovilizada en la unidad de psiquiatría del Hospital Central de Asturias.

Otra vez la salud mental en el olvido. Otra vez vacío en las entrañas.

¿Acaso a una persona que acude a urgencias con una fractura, se desconfía de ella y se le manipula la extremidad con violencia hasta que convulsiona? Entonces, ¿a qué este desdén en la unidad de salud mental?

Esto es lo que le ocurre a una persona que tiene una crisis psicótica: su mente tiene una herida abierta, su sangre son pensamientos confusos. Y ahora es turno de la ciencia para tratarla con delicadeza y hacerle entender con palabras su equivocada mentalidad. O al menos, escuchar sus razones.

Es de primero. Lo último que se debe hacer a una persona con la mente herida es cerrarle el paso, hacer que se sienta acorralada, ya que quizá sus aspavientos son debidos a una actitud de huida, o de miedo; nunca con el ánimo de hacerle daño alguien. Todos podemos sacar nuestro instinto animal si nos llevan la razón al límite. Este fue mi caso.

No puedo creerme que el ingenio de la humanidad, que ha diseñado el acelerador de partículas, o desentrañado el núcleo de los átomos, no dé para tranquilizar a una persona que pasa por una desorientación vital.

Manuales y manuales de psicología. Congresos y congresos con los psiquiatras yendo y viniendo con las carpetas atestadas de apuntes. ¿Todo para terminar atado a una cama?

Y peor, ¿qué extraña lógica rige la política de brazos caídos, ahora que el horizonte de los derechos humanos parece clarear asistido por el empuje de los tiempos? ¿Empeñar la dignidad humana por falta de apoyos y recursos?

Andreas ni tan siquiera era una paciente de psiquiatría, pero la simple sospecha de unas alucinaciones acústicas y unos precedentes familiares, hicieron que el valor de su palabra fuera semejante a cero.

De acuerdo, una desgracia, una concatenación de errores, pero al menos que la memoria de Andreas señale el camino que no se ha de volver a pisar.

La psiquiatría debiera ser un reducto frente al prejuicio, y no el sentido contrario.

Es hora que todos los actores con poder de decisión aborden la normalización sistémica de todos los procesos que rodean a la salud mental. Entremos en la modernidad.

Las contenciones mecánicas son un anacronismo inentendible en una sociedad que mira al futuro. En este tiempo, cualquiera puede llegar a ser usuario de los servicios de salud mental, por lo tanto, estas circunstancias nos atañen a todos.

Desde el Comité Pro Salud Mental, y en actitud de súplica: por favor, tomaos la salud mental en serio, pero ya.

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