Un montón de interrogantes en negro sobre una mesa. Uno de ellos está iluminado y es naranja

LO QUE YO QUIERO. Los Documentos y la Planificación Anticipada de Voluntades

  • Me encuentro mal. Estoy tomando medicación, pero cada vez siento que estoy más abajo.
  • ¿Has pensado en pedir ayuda?
  • Sí, pero me da miedo que me encierren.

Esta conversación, basada en hechos reales, es, desafortunadamente, un clásico entre las personas que tienen dificultades de salud mental y/o adicciones. En vez de tener una relación basada en la confianza y en el respeto, a menudo se encuentran entre la espada y la pared: la amenaza de recibir un tratamiento con el que no están de acuerdo les dificulta la petición y consecuente obtención de ayuda. En definitiva, la alianza terapéutica está deteriorada. Las coerciones (ingresos involuntarios, contenciones mecánicas, etc.) generan más desventajas que beneficios. Y, sin embargo, se producen.

¿Tenemos criterio?

El estigma asociado a los problemas de salud mental y la propia naturaleza de algunos de ellos – en forma de episodios agudos intercalados por periodos de estabilidad- hace que se dude de la capacidad de las personas que los tienen para decidir sobre sus tratamientos. Estos prejuicios y estereotipos hay que abandonarlos, ya que es necesario reconocer el derecho y la competencia de las personas a aceptar o rechazar un tratamiento. Además, se hace necesario dotar a las personas de empoderamiento y confianza en su criterio, en las fases de estabilidad, para reconocer(se) y desarrollar su autoestima y autoconocimiento en las fases críticas.

Una de las herramientas que intentan minimizar este desafortunado desencuentro es:

El Documento de Voluntades Anticipadas (DVA)

El DVA tiene un reconocimiento normativo desde hace años; adquirió estatus legal con la publicación de la Ley 41/2002 básica reguladora de la autonomía del paciente y de derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica, que reguló los registros de instrucciones previas (término legal sinónimo a testamentos vitales o documentos de voluntades anticipadas) en todas las Comunidades Autónomas. Estos testamentos vitales o DVA están a menudo más dirigidos a los tratamientos al final de la vida, pero también al principio de la vida -los planes de parto-, pero tienen muy poco recorrido y reconocimiento en la salud mental y las adicciones.

Los nombres varían entre las distintas comunidades, así como los procedimientos de registro. Aun así, el DVA tiene un único objetivo: garantizar que se respeta la voluntad de la persona si, por enfermedad o accidente, no pudiera expresarla.

En el artículo 11 de la Ley 41/2002 se expresa que, por el documento de instrucciones previas, una persona mayor de edad, capaz y libre, manifiesta anticipadamente su voluntad, con objeto de que ésta se cumpla en el momento en que llegue a situaciones en cuyas circunstancias no sea capaz de expresarlos personalmente, sobre los cuidados y el tratamiento de su salud o, una vez llegado el fallecimiento, sobre el destino de su cuerpo o de los órganos del mismo. El otorgante del documento puede designar, además, un representante para que, llegado el caso, sirva como interlocutor suyo con el médico o el equipo sanitario para procurar el cumplimiento de las instrucciones previas.

Según el informe “El respeto a la voluntad de la persona con trastorno mental i/o adicción”, redactado por el Comité de Bioética de Cataluña, la justificación ética incluye indicios de posibles beneficios clínicos y asistenciales, como son el “aumento de la autonomía, la alianza terapéutica y coordinación de los cuidados”. Además, parece que se mejoran “la conciencia de enfermedad, el cumplimiento terapéutico, las recidivas, las conductas auto o hetero-agresivas, los ingresos hospitalarios y, en general, la sintomatología del paciente”.

La Planificación de Decisiones Anticipadas (PDA) -también llamado Plan Anticipado de Decisiones (PAD)-

Posteriormente, se ha ido desarrollando el concepto de Planificación de Decisiones Anticipadas. El Modelo Catalán de Planificación de Decisiones Anticipadas (MCPDA) lo define como “un proceso deliberativo y estructurado mediante el cual la persona expresa sus valores, deseos y preferencias y, de acuerdo con estos y en colaboración con su entorno afectivo y su equipo asistencial de referencia, formula y planifica como querría que fuera la atención que ha de recibir ante una situación de complejidad clínica o enfermedad grave que se prevé probable en un término de tiempo determinado y relativamente corto, o en situación de final de vida, especialmente en aquellas circunstancias en que no esté en condiciones de decidir. Esta planificación ha de constar en la historia clínica, pero también puede ser la base de un documento de voluntades anticipadas (DVA).”

Así, el Documento de Voluntades Anticipadas y la Planificación de Voluntades Anticipadas pueden ser estrategias complementarias. En ese sentido, el Comité de Bioética de Cataluña señala las diferencias:

“El DVA puede hacerse en plena salud, con o sin concurso del profesional y a veces con mucha anticipación; por ejemplo, cuando alguien tiene claro el rechazo a alguna actuación habitual.

El PDA, en principio, es fruto de una deliberación compartida sobre actuaciones más o menos cercanas en el curso de una patología ya en evolución. No obstante, algunos deseos de ayuda o de limitación mostrados en el transcurso de un PDA pueden aconsejar explicitarlos en un DVA para más seguridad”.

El modelo de Andalucía

En 2015, la Escuela Andaluza de Salud Pública editó la “Planificación Anticipada de Decisiones en Salud Mental. Guía de apoyo para profesionales y personas usuarias de los servicios de Salud Mental”. En su presentación, José Carmona Calvo, director del Plan Integral de Salud Mental de Andalucía, hacía hincapié en que, “en el caso de las personas con trastorno mental, [salvaguardar el derecho a la toma de decisiones de forma autónoma y con libertad] es un imperativo legal, formulado en la Convención de Derechos de las Personas con Discapacidad”.

En esta Guía, que se circunscribe al ámbito andaluz pero que es extrapolable a todas las Comunidades Autónomas, debido a que sus fundamentos legales son comunes a todos los territorios del Estado, se detallan los siguientes capítulos a la hora de elaborar la PAD-SM:

  1. Situaciones / circunstancias / síntomas que darían lugar a la aplicación de lo expresado en el documento PAD-SM.
  2. Signos de alerta y síntomas.
  3. Actuaciones que “me hacen sentir mal” o “me ayudan a sentirme bien”.
  4. Personas a las que avisar.
  5. Preferencias de visita.
  6. Preferencias relacionadas con la medicación en el ámbito de la Salud Mental.
  7. Preferencias relacionadas con actuaciones terapéuticas y uso de medidas coercitivas en el ámbito de la Salud Mental.
  8. Preferencias respecto a profesionales.
  9. Hábitos personales.
  10. Otras preferencias.

En el capítulo 7, que hace referencia a las medidas coercitivas, se aclara:

“Bajo el término de medidas coercitivas se incluyen prácticas de contención, inmovilización y aislamiento no consentidas (…). La persona puede solicitar que, si se adoptan, se hagan respetando determinadas opciones personales, o también expresar su rechazo a que sean utilizadas. (…)

En caso de que no haya acuerdo entre la persona interesada y el/la profesional, se debe incluir la preferencia expresada, haciendo referencia explícita a la falta de acuerdo y a los motivos”.

En Primera Persona

Si bien el estado de las cosas es lejano a una implantación general de estas iniciativas, que se alinean en torno a la atención centrada en las personas, “es necesario fomentar la participación en Primera Persona en este ámbito de actuación ya que, más allá de lo meramente sanitario y figurativo, se proyectará en un empoderamiento social”, según manifiesta Andrés Colao, representante de Salud Mental Asturias en el Comité Pro Salud Mental en Primera Persona de la Confederación SALUD MENTAL ESPAÑA.

Colao acentúa la incidencia en la lucha contra el estigma que aportan estas nuevas formas de considerar la relación terapéutica: “la experiencia de quienes viven las situaciones en Primera Persona es imprescindible para abordar cualquier acción de transformación. No se puede avanzar en la transformación social, en la lucha contra el estigma, sin contar con las personas protagonistas, que son quienes sufren en primera instancia las consecuencias de la actitud de una sociedad que aún mira con recelo a los problemas de salud mental”.

En el ámbito sanitario, donde el estigma aún tiene grandes reservas de actuación, “es necesario cambiar la concepción que tiene la sociedad en general en torno a los problemas de Salud Mental. El PAD-SM favorece el empoderamiento de las personas con experiencia, ya que participan de forma activa en conseguir una mejora de su salud mental, persiguiendo también un cambio en la sociedad de la concepción que se tiene de la misma.”


Bibliografía y más información:

 

Confederación SALUD MENTAL ESPAÑA:

https://consaludmental.org/general/conferencia-voluntades-anticipadas-asaenes-salud-mental-31370/

https://consaludmental.org/general/salut-mental-catalunya-seminario-planificacion-decisiones-anticipadas-salud-mental-33406/

 

Registros de Voluntades Anticipadas por comunidad autónoma:

Guía de la Fundación Edad y Vida para la elaboración y registro del DVA en las distintas CCAA (no específico de salud mental): https://www.edad-vida.org/publicaciones/guia-para-la-elaboracion-y-registro-del-documento-de-voluntades-anticipadas/