Irene Muñoz en su ponencia

NUEVAS RAÍCES

El pasado 10 de diciembre se celebró la I Jornada de la Plataforma de Derechos y Salud Mental de Navarra, un encuentro de profesionales de la salud mental y testimonios en Primera Persona, cuya presencia corrobora inequívocamente su imprescindible valor para dar sentido a toda discusión sobre las medidas coercitivas en salud mental.

La Jornada, que tuvo como título Coerción y salud mental: tratamiento involuntario, ingreso involuntario, contenciones’, fue presentada por Inés Francés, Directora gerente de la Agencia Navarra para la Autonomía y Desarrollo de las personas (ANADP).

A continuación, el médico psiquiatra José Antonio Inchauspe describió el estado de la situación, desgranando todos los motivos por los que ‘los gestores sanitarios y sociales y los profesionales de la salud mental deberíamos preocuparnos por la coerción’.

  • Es muy frecuente: ingresos involuntarios, contención física, aislamiento, medicación forzosa, presiones diversas…
  • Se extiende más allá de las unidades psiquiátricas de agudos: a la psiquiatría extrahospitalaria, a unidades residenciales o de larga estancia, unidades psiquiátricas penitenciarias, residencias de ancianos, discapacitados, hogares juveniles, hospitales generales…
  • Existe legislación específica para usuarios de Salud Mental que la respalda y que va en aumento. Tratamiento ambulatorio involuntario.
  • Genera preocupación ética en la práctica clínica: consentimiento informado, directrices anticipadas, actitud de los profesionales respecto a la coerción, guías clínicas en situaciones de crisis, investigación en pacientes obligados al tratamiento…
  • La coerción conforma buena parte de la opinion pública acerca de la psiquiatría y el estigma asociado al trastorno mental.
  • Llama la atención a los defensores de los derechos humanos y sus asociaciones. La crítica a la asistencia en Salud Mental se centra cada vez más en los derechos de las personas usuarias.
  • Puede constituir un eje central en la relación paciente profesional.
  • La experiencia subjetiva de la coerción y sus resultados en términos de adherencia al tratamiento y efectividad son, en sí mismos, áreas relevantes de interés científico.
  • Es un tema de debate, controversia y disputa en el seno de las asociaciones científicas y profesionales, entre estas, y entre las asociaciones profesionales y las de usuarios.
  • El desarrollo y análisis de estrategias para reducir la coerción es relevante en la clínica e investigación actuales.
  • Sin embargo, pueden escribirse planes de salud mental con cientos de páginas sin mencionar una sola vez las palabras coerción o coacción, sin diagnóstico de situación y sin acciones ni líneas estratégicas para reducirlas.

Además de todo esto, Inchauspe continuó explicando las distintas motivaciones que se esgrimen para utilizarlas: la preocupación securitaria – gestión del riesgo social bajo la forma de protección del paciente y de otros, la gestión del riesgo del propio trastorno y posible deterioro, etc. ‘Las medidas coercitivas llegan a considerarse como actividades preventivas y terapéuticas’. En relación con la efectividad de dichas prácticas, añadió que ‘no hay un solo estudio experimental o cuasi experimental sobre efectividad de la coerción informal, solo valoraciones subjetivas. Los profesionales la encuentran efectiva, los usuarios una zona oscura’.

¿Existen alternativas?

Sí, hay alternativas. Según el estudio Alternativas a la coerción, publicado en octubre de 2018, encargado por la Oficina de las Naciones Unidas en Ginebra para informar al Relator Especial sobre los derechos de las personas con discapacidad, en el que se incluyen 121 artículos de investigación.: “buena parte de las investigaciones y propuestas, sobre todo de usuarios, no se centran directamente en disminuir la coerción sino en prácticas para responder a necesidades no satisfechas que, como efecto secundario, disminuyen las prácticas coercitivas. Obtener el soporte adecuado, en el momento y lugar adecuados, por las personas adecuadas”.

Prácticas globales, aplicables en contextos comunitarios y hospitalarios, como el apoyo orientado a la recuperación, leyes específicas para reducir, terminar o prevenir la coerción, apoyo basado en la familia en situaciones de crisis (como el diálogo abierto), investigación e iniciativas lideradas por pares (grupos de autoayuda, grupos activistas, usuarios); prácticas en el ámbito hospitalario; programas residenciales, ayuda del igual, y un largo etcétera.

¿Querría tener medidas coercitivas para mí?

Irene Muñoz, responsable del servicio de Asesoría Jurídica de la Confederación SALUD MENTAL ESPAÑA y de la redacción del Informe Anual sobre el Estado de los Derechos Humanos de las Personas con Trastorno Mental en España, explicó claramente que, “bajo el prisma de la Convención de la ONU sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, se debería abolir la coerción en salud mental, puesto que engloba prácticas que constituyen vulneraciones de derechos humanos”. Además, añadió que, en todo caso, las personas deben abordar estos temas siempre poniéndose en el papel de la persona a la que se ejerce la coerción: “podemos imaginar qué medidas coercitivas, qué tipo de contenciones, de qué manera se pueden hacer los ingresos involuntarios… Para mí. La salud mental es de todas las personas. ¿Qué querría yo de todo esto para mí?”.

Primera Persona

Luego, Manuel Vázquez y Sandro Laboni de la Asociación Mejorana expusieron sus testimonios con las contenciones mecánicas y más ampliamente, con la coerción y la vulneración de los derechos que, en el caso de este último, provocaron que su confianza en el sistema saliera muy mermada, a la vez que su sintomatología salió muy empeorada, lo que corrobora una vez más que ninguna medida coercitiva se está aplicando bajo criterios científicos ni terapéuticos, pese a que en ellos pivota todo su funcionamiento. En un ingreso voluntario, en el que fue sometido a contención mecánica y aislamiento: “me di cuenta de que se trataba de que les molestara lo mínimo y me tomara la medicación. El trato era muy frío, muy distante. Me hablaban muy poco. Cortaban muy rápido la conversación para marcarme las distancias. Debería haber allí algún profesional, alguien con quien hablar, hacerte sentir persona. Devolverte a la realidad, devolverte a la vida. Admito que, después, he ocultado muchas cosas a mi psiquiatra por el miedo de volver allí. Qué cosa más extraña. Entré en la UHP supuestamente para recibir ayuda. Ahora, tengo delirios, alucinaciones, oigo voces, y todo empezó cuando me dieron el alta porque, supuestamente, estaba mejor”.

Para finalizar, Elena Beristain, trabajadora social, defendió la necesidad de abogar por nuevos marcos teóricos, la participación activa y la necesidad de flexibilizar la atención a las personas, haciendo de ella una gran fortaleza para el sistema, ya que, según sus palabras: “tenemos que asumir ciertas cosas como profesionales, y una de ellas es nuestra incompetencia. Y no sólo profesional. Hay una incompetencia social. Hay una incompetencia de valores”.

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