Unas cometas de colores, unidas unas a otras, vuelan en un cielo azul

Qué me hubiera gustado saber cuando todo empezó

Desde el Comité Pro Salud Mental en Primera Persona hemos reflexionado sobre nuestra historia personal, poniendo el foco en todo aquel conocimiento que nos hubiera gustado tener cuando “todo comenzó”. Cuando comenzaron lo que luego los especialistas llamarían síntomas, los etiquetarían con un diagnóstico, en función del cual definirían un tratamiento que seguía unos protocolos y, en el más aventurado de los casos, nos anunciaban un pronóstico.

Cuando a una persona le pasan cosas a nivel mental, lo más probable es que el desconocimiento sea más protagonista de lo que tendría que ser. El conocimiento de la salud mental en nuestra sociedad es, en el mejor de los casos, insuficiente. En la mayoría de las situaciones: inexistente. Y, por si eso fuera poco, el conocimiento que sí hay está sesgado, estereotipado, asociado a conceptos negativos (violencia, peligrosidad, falta de valía profesional…).

Gracias a nuestra experiencia (“gracias”), hemos tenido acceso a un conocimiento que nos gustaría compartir. No es un compendio sistemático, no somos académicos ni pretendemos serlo. Libros y manuales de psiquiatría y psicología ya hay; no parecen ser muy interesantes para la mayoría de la población.

Nuestra intención es sembrar con unas pocas semillas la duda, el cuestionarnos las cosas que nos han ocurrido. Creemos que en la sociedad deben plantearse más preguntas acerca de la salud mental. Que cobre el protagonismo que le ha sido negado, ya que, de esta manera, pese a que cada vez sabemos algo más, también es cierto que los problemas de salud mental y el estigma asociado a ellos no está disminuyendo.

Esperamos contribuir a que os hagáis preguntas, a que os planteéis respuestas. Os queremos invitar a que nos escuchéis. A nosotros y a muchos otros colectivos en Primera Persona que están trabajando duramente para que la normalización sea una realidad. Son muchas las consecuencias necesarias: integración laboral, social, económica, independencia, respeto, protagonismo en los tratamientos… Es necesario una revisión total de las herramientas terapéuticas, de los procedimientos, de las listas de espera.

Que la Ayuda del Igual y los Grupos de Ayuda Mutua no neutralicen el valor de los profesionales, pero sí que estos abran sus protocolos a nuevas aportaciones que han demostrado claramente su eficacia. ¿No estamos todos remando hacia el mismo sitio?

Abran sus mentes. Abran las puertas, las ventanas. Esto necesita una ventilación exhaustiva, una reordenación y una eliminación de viejos patrones que han demostrado su obsolescencia. Necesitamos nuevas raíces, nuevos cimientos, nuevos enfoques para diseñar el nuevo rumbo de la salud mental.

En Primera Persona

Hemos realizado 15 vídeos de unos 20 segundos de duración cada uno, basándonos en las reflexiones que a continuación se muestran, disponibles en nuestro canal de Youtube.

  • Que, realmente, en salud mental, nada es tan científico ni biológico, como me hicieron creer. Que muchas de las respuestas de lo que me había ocurrido estaban en mí. Que ni yo ni nadie éramos culpables. Que seguía teniendo la responsabilidad y la libertad para continuar y decidir sobre mi vida…
  • Que muchas veces a los profesionales les cuesta decir que no lo saben todo, y que la salud mental es todavía un territorio con mucho margen para equivocarse. Que hubieran sido honestos en sus teorías, para recuperarme junto a mi familia, mi entorno y ellxs mismos, junto a las asociaciones, conscientes de ese punto de partida que luego muchos han confesado diciendo “en realidad no sabemos tanto”, y “hacemos prácticas y tratamientos sin evidencia”, o “muchas veces provocamos daños en nuestra afán de querer “lo mejor” para el otro, no confiando ni teniendo en cuenta, ni escuchando a las persona experta por su experiencia”…
  • En lo que a mí se refiere, la diferencia es que mi problema estalló muy tarde, pasados los 40, aunque se supone que lo arrastraba desde hacía mucho sin verlo. Yo, porque otras personas sí lo veían, pero yo me empeñaba en que eran malas rachas, y que a base de fuerza de voluntad saldría adelante. Tremendo error. 
  • Cuando por fin pedí ayuda, mi mujer ya llevaba años sufriendo mi cabezonería, y mi tratamiento fue de choque, con mucha medicación, que, a día de hoy, mi psiquiatra no ha rebajado ni un miligramo. Y me ve con mucha frecuencia.
  • Pasé por varias consultas de psicólog@s que llegaron a decirme que no podían hacer nada por mí. Pero nadie me habló de grupos, asociaciones, servicios ni nada donde pudieran ayudarme. Encontré a Feafes Galicia casi por casualidad diez años después. Diez años perdidos porque no tuve orientación. Ningún/a profesional me hizo el menor comentario. Y mi familia y yo pasamos por esto sin apoyo durante diez años, que se dice pronto. 
  • No sé qué se puede hacer para que al menos desde la sanidad pública se recomiende acudir a asociaciones, o a los servicios sociales, o adonde sea, o que por lo menos tengan folletos, o un poster, o algo… qué bien me hubiera venido…
  • A mí me hubiera gustado saber que no sólo es importante dormir, sino que, además, si no duermes bien, se puede producir o facilitar un brote psicótico. Me hubiera gustado saber que, una vez empezó, se podía solucionar con tiempo, paciencia y ayuda. Al principio, mi propia familia no quería que tomara los fármacos, y me insistía en que, si no dormía, era porque no quería (!). Ninguno teníamos ni idea de la higiene del sueño.
  • Me hubiera gustado saber que estaba sobrecargada de responsabilidades y tensiones. Que me estaba pidiendo demasiado a mí, y también mi propia familia. Que la autoexigencia es un factor de riesgo a la hora de desencadenar desajustes de salud mental.
  • Echando la vista atrás, recuerdo haber sido una niña triste. Me hubiera gustado que mis padres se hubieran dado cuenta, hubieran sabido buscar ayuda. Me hubiera ahorrado muchos años de tener la sensación de querer morirme.
  • Me hubiera gustado saber que existía el concepto de salud mental. Con 34 años, al ponerme la etiqueta diagnóstica, yo pensaba que la mente se podía dominar. Rechacé todo lo que la psiquiatría me decía, pero no porque tuviera conciencia de nada, sino porque mi conocimiento sobre salud mental era automáticamente estigmatizante. No sabía nada, y lo que sabía era que yo no quería ser una “loca”.
  • Me hubiera gustado saber que había recuperación. Y que mi psiquiatra también conociera ese concepto.
  • Pero no me arrepiento de nada. Hubiera cambiado años de dolor por todas estas cosas, pero sé también que gracias a descubrir esto he crecido. Lo cual no quita que, si puedo, a mis hijos les enseñe todo lo que me hubiera gustado saber. El dolor es inevitable, el sufrimiento ya no tanto.”
  • A mí me hubiera gustado saber que existía un Centro de Salud Mental para poder acompañar a familiares en sus crisis y saber que podía ser hereditario para a ver prestado más atención en cuidarme del alcohol, drogas, alimentación, al final lo fui descubriendo por mi misma al ver las consecuencias.
  • Cuando supe que yo tenía un problema de salud mental tengo que agradecer que la vida me dejó hacer y fui tomando decisiones por mi misma, desde ir al Centro de Salud Mental cuando me enteré de su existencia, conocer la asociación, ir a Bienestar Social, decidiendo en cada momento a dónde ir, esa libertad y la responsabilidad de ir solucionando mi vida me gustó. Fue todo un descubrimiento personal, por eso, me planteo que cuando ” todo empezó” fue como tenía que ser, lo que si me hubiera gustado saber sobre salud mental lo que he comentado al principio.
  • En la soledad de la planta de agudos eché en falta el relato de una voz amiga conque conjurar los fantasmas de la confusión.
  • Hay tanto que aprender de una realidad nueva, tan distinta a lo ya conocido. Hay tantos caminos que recorrer con el simple ejercicio de la palabra de quien te precedió en el suplicio.
  • Hay que abrir las arterias que oxigenan la mente con el testimonio de la experiencia en primera persona.
  • ¿Qué puedo hacer? ¿Cómo se llega al oriente de la recuperación? ¿Es el fin o es el inicio?
  • Con el simple alimento de los medicamentos, el dolor deja paso al vacío, y el viento frío de la desesperación aparece desde los cuatro puntos cardinales.
  • En el momento que más se necesita una voz, solo llega el eco de una luz nunca escogida.
  • Las cadenas que te atan al mobiliario son más tenues que las que te impone el silencio.
  • La mueca de la incomprensión aparece en el rostro donde antes había alegría.
  • Sólo me queda la llamada esperanzada de unas palabras de bienvenida; de alguien que antes que yo hizo saltar esas cadenas; cadenas que solo existen en la imaginación desaparecida. Son peores las cadenas del olvido.

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