Eutanasia

REFLEXIÓN SOBRE LA EUTANASIA

La reflexión sobre la eutanasia nos pone en contacto con el valor de la vida, un valor que es primero entre los demás.

Venimos al mundo con un libro blanco, que simboliza el reloj biológico de nuestros días, y con un potencial al que llamamos talento.

Desde este punto de vista, la vida sería el descubrimiento de nuestro potencial, de las cosas que nos gustaría hacer hasta alcanzar esa proyección que es la felicidad.

Sin embargo, un revés del destino, o un deterioro de las expectativas vitales, puede llevarnos a cuestionarnos sobre ese valor de la existencia. La aparición del malestar psíquico, o físico, puede llegar a cegarnos, y percibimos que el camino se agota; no hay salida; solo sufrimiento.

En el Comité pensamos que el malestar psíquico puede ser debido a una ceguera transitoria, y aun cuando el dolor nos paralice con sus dentelladas, hay que ser prudentes a la hora de considerarlo como “contexto eutanásico”.

El potencial está ahí, si bien no somos capaces de verlo, queda mucho recorrido, y corresponde al sistema procurar todos los recursos para sacar a la persona de su confusión. Todos los recursos son pocos si de devolver la dignidad de la vida se trata.

En el caso de la salud mental siempre habrá un espacio para la duda: ¿quién determina que no estamos en una fase depresiva? ¿Cuándo se considera que se han agotado todas las terapias físicas y mentales? ¿Quién asegura que en el momento de tomar la decisión somos plenamente conscientes? ¿Cómo se certifica que la idea de acabar con la vida no es un deseo inherente al problema de salud mental?

Podríamos preguntar a supervivientes del suicidio, que actualmente han recuperado sus expectativas vitales, si veían fin a su sufrimiento entonces, una herida que pudo prolongarse días, meses o años. Muchas veces la paciencia da su fruto, y todo habrá valido la pena.

Pero, ¿qué ocurre cuando el reloj biológico se ha parado, la medicina dictamina que no hay curación, que no hay potencial, no hay día después, y el sufrimiento convierte la vida en un suplicio?

Entonces, la eutanasia aparece como única vía de escape ante una vida que perdió su potencial.

Los profesionales que vigilan el contexto eutanásico deben asegurarse de que no concurre ninguna arbitrariedad, y deben ratificar la voluntad del paciente para que el proceso sea seguro, antes de materializar tan grave decisión.

Lo que sí es seguro es que la aparición de una discapacidad no debe tenerse como contexto eutanásico, ya que estaríamos reconociendo que la vida de una persona con discapacidad tiene menos valor.

Ahora es tiempo de observar las luces y sombras en la práctica de esta Ley.

En el Comité Pro Salud En Primera Persona sabemos el valor de la vida, de la adversidad, de la decepción, de la superación, pero no queremos jugar a ser dioses.

Tan solo pretendemos que se examine y se cuestione qué valor tiene la vida en un estado de agonía irreversible; si la dignidad consiste en ver el sufrimiento de la persona que amas, o si por el contrario, puede haber una salida que apague ese grito de desesperanza.

El signo del Comité es el respeto a la vida. El mensaje es que puede haber vida después del dolor psíquico. Pero, ¿qué podemos hacer si no existe una posibilidad?

 

Reflexión del Comité Pro Salud Mental en Primera Persona sobre la eutanasia.