PREJUICIOS, ESTIGMA Y AUTO ESTIGMA

escribo hoy para intentar generar una reflexión.

Escribo, además, en el día en el que un diputado del Congreso ha hecho una intervención resaltando la importancia de la Salud Mental en las personas y de las secuelas que está dejando toda la crisis sanitaria, depresiones, trastornos varios, ansiedad y personas que se suicidan o lo intentan

Cuando ha finalizado otro diputado le ha espetado de manera despectiva un “¡Vete pal Médico!

La reflexión a la que he llegado la pondré al final. Todo gira en torno a los prejuicios, los mitos, el estigma, el auto estigma, la desinformación y en algunos casos, me atrevo a decir, hasta maldad, como creo que ha ocurrido en el Congreso y en el día a día cotidiano.

Tengo la suerte de tener a personas alrededor de las que aprendo muchísimo y en este caso, que tenía una idea e inquietud sobre cómo desarrollar esta reflexión, he aprendido otras cosas que no tenía ni idea y que ignoraba absolutamente, por lo tanto, esto refuerza mucho más mi tesis de que… ¡Sólo Sé Que No Sé Nada!

El estigma social, los prejuicios, el desarrollo moral y estos valores… Son heredados y aprendidos y están integrados en nosotros hasta que tenemos la denominada autonomía moral. Esto quiere decir que según el entorno y la cultura de y en donde nacemos serán heredados hasta que llega la edad en que nosotros ya pensamos de manera autónoma, para decidir que está bien o que está mal y ella se encuentra sobre los once años de edad aproximadamente.

A partir de ahí, empezamos a generar nuestros propios criterios y también, por supuesto, tiene que ver con que estemos en un contexto en el que podamos llegar a ser más críticas con esos valores adquiridos y si son buenos para nuestro bienestar moral y ético.

Una vez expuesto esto de lo que yo no tenía ni pajorera idea, lanzo esta pregunta:

¿Quién está libre de prejuicios?

Porque yo no. Yo tengo prejuicios y el que no los tenga que lance la primera piedra.

Lo reconozco, no soy una perita en dulce ni más bueno que el pan. Y aunque soy bastante empático y solidario no quita que no tenga también mis prejuicios.

Las personas que tenemos problemas de salud mental vivimos constantemente llenos de esos prejuicios y estigma social, en todos y cada uno de los ámbitos que hay, en el sanitario, laboral, familiar, en el de los medios de comunicación, etc. Y así hasta llegar al punto de los que tenemos nosotras mismas, el llamado auto estigma.

Cuando conseguimos tener esa autonomía moral y empezamos a abrir nuevos paradigmas y tenemos una visión más personal y crítica, se puede construir y cambiar.

En el tiempo que llevo haciendo cosas en el movimiento asociativo como voluntario, y de todo lo que he aprendido también fuera y seguiré aprendiendo, creo que hay cosas en las que gastamos mucha energía que a veces no redundan en nuestro beneficio.

Es necesario un cambio social bestial para que esos prejuicios y estigmas cambien, pero hay otro que sí está verdaderamente de nuestra mano, y no es otro que el auto estigma, y me refiero a los mensajes que nos enviamos a nosotras mentalmente.

No podemos evitar que el programa de televisión abra con una noticia sensacionalista de un suceso protagonizado por una persona con “supuestos” problemas de salud mental, porque para eso no tendría que haber demanda de programas de este tipo; pero lamentablemente muchísimas personas consumen este tipo de programación. Tampoco podemos evitar, de la noche a la mañana, que nos sigan tratando con discriminación en ámbitos de todo tipo. Por desgracia hay muchísimo trabajo y muchísima labor que realizar y camino que recorrer.

La pedagogía, la sensibilización, la prevención ya no solo es necesaria para que muchas personas se ahorren un problema de salud mental, sino también para ir desarmando y deconstruyendo poco a poco esa carga negativa, irreal, injusta, prejuiciosa que soportamos históricamente.

Muchas personas trabajan para que tengamos un trato justo como cualquier otra en la sociedad, pero a donde yo quiero llegar es a lo que nos afecta a nosotras personalmente en nuestra maravillosa cabecita, y es la forma de vernos y hablarnos y es aquí donde hago la reflexión.

¿Podemos realmente hacer que las discriminaciones y vulneraciones no traspasen la línea personal de donde se ejecuta a no darle más poder y encima estar mascándola permanentemente?

Es importante para ello que usemos un lenguaje correcto y no negativo y discriminador con nosotras, ya de eso sobra y mucho.

Porque lo que verbalizas ‘pa’ fuera, a la vez… ¡Nos los metemos ‘pa’ dentro!

Es importante también hacer un verdadero empoderamiento para evitar más daño del que hay ya en el día a día.

Lo que intento, y no sé si lograré, es dar un mensaje de que, dentro del caos, está la parte del auto estigma, pudiendo ser más accesible y posiblemente con práctica, constancia y actitud podamos tener una calidad de salud mental mejorable en este aspecto.

Sé también que la tarea no es sencilla, pero sí que es más viable y está más cercana a nuestras posibilidades reales que la de cambiar todo un sistema y a toda la sociedad.

Se lo dejo aquí para que hagan un ejercicio de reflexión, con todo mi respeto, cariño y empatía, con prejuicios, mil fallos y alguna virtud como cualquier otra persona.

José Luis Herrera, voluntario de Salud Mental La Palma.